Olvidado no, olvidadísimo, pero con el poco tiempo que tengo y las pocas ganas de enfrentarme al ordenador después del trabajo, es un esfuerzo muy grande actualizar periódicamente.
Pero esta es mi entrada número 100 y merece la pena hacer un esfuerzo.
Ha llegado febrero y, a punto de terminarse, yo casi ni me he dado cuenta. Después de 5 años acostumbrada a temblar cuando llegaban las vacaciones de Navidad, sinónimo siempre de trabajos largos y aburridos previos a las jornadas de exámenes maratonianas, este año he pasado por el mes de febrero de puntillas, sin percibirlo si quiera, y es que ahora el año no empieza en octubre como los anteriores, sino en enero, como el del resto del mundo. Porque reconozco que durante mucho tiempo medía mi tiempo en función del calendario académico, y todo empezada en octubre y normalmente terminaba en septiembre, aunque había ocasiones que en junio estaba todo acabado, por lo que mis años tenían entre 9 y 11 meses, uno menos que el del resto, y mis vacaciones de verdad empezaban cuando terminaban las de los demás, es decir, a mediados de septiembre.
Ahora sin embargo, me cuesta acostumbrarme al calendario normal...sigo empeñada en contar los meses desde octubre y mi vida transcurre todavía en cuatrimestres. Todo llegará e igual que febrero está a punto de terminar y yo ni me he dado cuenta de que había comenzado, algún día, mis años, volverán a empezar el 1 de enero.